Critica de “Marvel’s Iron Fist”

Critica de “Marvel’s Iron Fist”

por - Series
21 Mar, 2017 03:38 | Sin comentarios

El show encabezado por Finn Jones es el primer paso en falso de Marvel en lo que parecía un reinado invicto en los productos superheroicos de Netflix.

La serie tiene muchos problemas. El primero y el que más rápido se puede identificar, es su origen para nada novedoso. Danny Rand (Finn Jones) pierde a sus padres en un accidente aéreo y es adoptado por unos monjes de la ciudad mística K’un-un, donde se convierte en un experto en kung fu conocido como Iron Fist. Quince años más tarde regresa a Nueva York para reclamar su lugar en Rand Enterprises y pelear contra la organización llamada The Hand, que ya apareció en el show de Daredevil.

A diferencia de personajes como Batman, Green Arrow o Doctor Strange, cuando Danny vuelve a la ciudad después de tanto tiempo aislado de la sociedad, tiene una personalidad completamente inocente que se podría entender si no fuese porque la secta de monjes guerreros lo convirtió en un arma viviente bajo un estricto entrenamiento. Por momentos, Danny responde con frases filosóficas carentes de sentido y contexto, mientras que en otras oportunidades interactúa como un nene caprichoso. Estas incoherencias muestran al personaje como un “hippie con OSDE” que viajó por Asia y regresa para bajar línea de lo poco que aprendió desde un pedestal.

Otro de los grandes inconvenientes que saltan a la vista, es la decisión de Marvel de ser fiel al material original creado por Roy Thomas y Gil Kane en los cómics setentosos, un aspecto bastante problemática para el año 2017. En primer lugar, los autores decidieron explotar el furor del cine de artes marciales, especialmente la popularidad de Bruce Lee, para crear un personaje atractivo que apuntara a ese público. Pero en lugar de hacerlo asiático, decidieron que el “Chosen One” fuera un rubio, blanco y millonario. Marvel tenía la oportunidad de explorar (y explotar) la cultura oriental con un actor asiático sin miedo de caer en el cliché, más aún cuando la audiencia conoce a leyendas como Jackie Chan,  Donnie Yen y Jet Li, quienes hace rato trascendieron las películas de Hong Kong. Ni hablar de la actual serie Into The Badlands, donde Daniel Wu la rompe como el protagonista. Fueron a lo seguro. No alcanzó que Lewis Tan, el actor que interpreta a uno de los villanos (y que protagoniza la mejor pelea del show) se haya postulado para el papel de Danny en un principio.

Sin embargo, ni siquiera el cambio de actores hubiese salvado a la serie. La falla más grave de todas es que los showrunners no deciden cuál es la temática principal más a allá del kung fu. A diferencia de Daredevil, que explora el efecto del uso de la violencia los demás y a uno mismo; Jessica Jones que trata los traumas del abuso o Luke Cage que se ocupa de la tensión racial Estados Unidos y el desplazamiento de las personas de sus barrios debido a la gentrificación, Iron Fist toca aspectos que van desde la lucha interna por la identidad y el misticismo hasta el lugar de las corporaciones multimillonarias. Los escritores no profundizan en ninguno de ellos a lo largo de los 13 episodios, una indecisión que sumada a los pobres e increíbles diálogos que sorprenden por lo malos e insultantes la inteligencia del espectador, el resultado final es desastroso.

Por otro lado, uno de los logros de las series de Netflix era que sus villanos impusieran respeto y que por momentos generaran miedo como Kingpin en Daredevil, Kilgrave en Jessica Jones y Cottonmouth en Luke Cage. En Iron Fist, es Harold Meachum (David Wenham) el socio del padre de Danny, quien se presumía muerto pero que maneja todo desde las sombras. Ni siquiera cuando se descubre que The Hand lo resucitó a través de la magia negra termina de convertirse en un antagonista de peso en la serie. De hecho, la sobreactuación de Wenham en su interpretación lo convierte en un personaje completamente caricaturesco.

Respecto a los personajes secundarios, Colleen Wing (Jessica Wing) y Joy Meachum (Jessica Stroup) también sufren por la inconsistencia de los guiones. Colleen es una maestra de artes marciales que predica la ideología de los samurái, pero al mismo tiempo no tiene inconveniente en meterse en peleas ilegales y matar gente. Joy es la amiga de la infancia de Danny, que por un lado está contenta con su regreso, pero junto a su hermano Ward (Tom Pelphrey) decide meterlo en un psiquiátrico para más tarde desconfiar de su familia y terminar conectándose con The Hand. Las hacen quedar como contradicciones andantes.

Los únicos desempeños rescatables en la serie son los de Rosario Dawson como la enfermera Claire Temple y Carrie-Anne Moss como la abogada Jeri Hogarth, quienes ya habían aparecido en los anteriores shows de Netflix. Las dos funcionan como una especie de madres para Danny (y en ocasiones para Colleen) porque son las únicas que parecen saber lo que pasa y no tienen problemas en decírselo en la cara, algo que el protagonista necesita en más de una ocasión. Sin quererlo, representan y expresan la frustración que generan las decisiones que los demás personajes toman a lo largo de los capítulos.

En lo que respecta a las escenas de acción, se esperaba que las coreografías igualaran o superaran a las vistas en Daredevil. Lamentablemente ninguna de ellas es memorable. Al contrario, son repetitivas y genéricas, dignas de alguna serie menor de artes marciales de los años ’90. Una de las excusas podría deberse a la dificultad para utilizar un doble que ocupase el lugar de Finn Jones debido a que Danny Rand no utiliza ningún tipo de disfraz que le tape la cara. Pero en un show de este tamaño no es una razón válida ni admisible para la falta de creatividad en lo que respecta a planos y ángulos de cámara, métodos que podían disimularlo mucho más. Hasta ahora la serie del abogado de Hell’s Kitchen es la única que supo representar distintos estilos de pelea espectaculares y acrobáticos, aspectos clave que este show necesitaba profundizar de una manera dramática por la naturaleza del personaje.

Por último, se siente como si hubiese sido hecha por compromiso y a las apuradas. Está tan concentrada en servir como una precuela para The Defenders, la próxima serie que reunirá a los héroes, que se olvida de explorar todo el trasfondo de la familia Rand, la ciudad mística de K’un-Lun y los anteriores Iron Fist. La famosa continuidad que reina en todos los productos de Marvel hace Danny sea un plot device que sirve para avanzar la trama del resto de los shows, un hecho que no le permite protagonizar su propia historia en 13 episodios que se hacen eternos. Una lástima.